La mujer estaba completamente relajada, como si acabara de sumergirse en un manantial caliente, con el cuerpo tan suave como una bolsa de agua caliente.
Omar, por su parte, estaba sudando por la fricción con ella, pero aún recordaba la patada que le había dado en la cama. Su cuerpo se puso tenso, tratando de contener la impaciencia.
Aunque su pecho seguía suave y presionado contra él, finalmente no pudo contenerse y habló: —¿Ya terminaste?
—¿Qué?— preguntó ella.
—Termina de una vez y vete, ¿no t