Adriana permanecía en el agua tibia, rodeada de silencio. Inconscientemente, relajó su cuerpo y se recostó en el borde de la piscina, sintiéndose un poco cansada. Sus piernas se sentían adoloridas e incómodas.
Intentó mover sus piernas un poco, pero no alivió la incomodidad. Sin pensar, bajó la mano para masajear sus piernas en busca de alivio.
De repente, los músculos de su pantorrilla comenzaron a espasmar intensamente, lo que la devolvió a un estado de completa alerta. Sus ojos se abrieron de