Eran casi las cuatro de la madrugada, Adriana estaba acurrucada en el sofá, colocando una crema para contusiones en su piel. En frente de ella, Omar estaba recibiendo un suero y tomando medicamentos.
Ambos levantaron la vista y se miraron fijamente.
Él frunció el ceño y apartó la mirada, mientras ella hizo una mueca y volteó la cabeza.
Un silencio incómodo llenó la habitación.
Después de un largo rato, Omar cerró los ojos y habló sin emoción.
—Hiciste un buen trabajo esta vez.
Estas palabras sor