Adriana acababa de terminar de besar la tarjeta cuando escuchó el sonido de unos tacones altos detrás de ella.
—Señorita Sánchez?
Adriana se quedó perpleja por un momento y se dio la vuelta.
Vio a una mujer con un vestido blanco ajustado, el cabello recogido con una sola horquilla de madera, llevaba unas gafas sin montura con incrustaciones de pequeños diamantes en las patillas, daba la impresión de ser refinada y próspera.
Era Isabel Fernández.
A su lado, una joven sostenía una pequeña caja de