Adriana volvió al apartamento de Roxana. Después de ducharse, se sentó frente a un escritorio, curándose la herida de la oreja. Parecía distraída en sus pensamientos mientras Roxana estaba sentada en el borde de la cama, despotricando sin parar.
—¡Esa Patricia Pérez es una puta! ¡¿Quién se cree que es?! ¿Tan orgullosa está de ser una amante? Joder, ¡qué vergüenza!
—¡No me hagas hablar también de Omar Vargas! ¡Ese hijo de puta! ¿Pensó que podría llegar a ser tan poderoso sin la contribución de tu