Adriana apenas se movía y pasó mucho tiempo sin poder conciliar el sueño. Finalmente, cuando ya no pudo soportarlo más, se quedó dormida a regañadientes.
Cuando abrió los ojos de nuevo, la habitación ya estaba iluminada. Se giró un poco y se dio cuenta de que ya no había nadie a su lado. Por un momento, se sintió como si la hermosa cara del hombre estuviera a solo un paso de distancia, como si fuera parte de un sueño.
Llegó el sonido de un golpeteo en la puerta. Recordó que todavía estaba en la