Descendiendo de la montaña, Adriana tenía su automóvil. Víctor notó que no se encontraba bien y le ofreció llevarla en su vehículo hasta la puerta del teatro.
Adriana llegó temprano y aprovechó que no había mucha gente para tomar una breve siesta. Entre la somnolencia, imágenes sangrientas cruzaron por su mente, sintiendo como si estuviera de vuelta en la iglesia, pero esta vez sin nadie a su alrededor.
—Omar?— pronunció un par de veces, sin obtener respuesta, y su visión se volvió borrosa. De r