La fina llovizna se volvía más densa. Adriana fue al auto a buscar salchichas para alimentar al perro y, de ida y vuelta, su abrigo se cubrió de gotas de agua.
El perro comió lo que le ofreció y, recordando el camino a su casa, la acompañó de regreso. Cuando llegaron a la puerta, al verla abrir la puerta, el perro amarillo pareció considerar que su misión estaba cumplida y regresó a su hogar moviendo la cola.
Adriana se sintió un poco desanimada. Finalmente, había encontrado un perro familiar.
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