El caballo de Andrés realmente era excelente, y la mujer que lo montaba no era solo una cara bonita; sabía cómo acumular fuerzas y no había estado corriendo al frente todo el tiempo. En cuanto al caballo que eligió Omar, siempre había estado siguiendo de cerca, sin quedar rezagado demasiado del grueso del grupo.
Aunque Adriana no había apostado, se dejaba llevar por la atmósfera y permanecía nerviosa todo el tiempo. Lo más importante era que conocía demasiado bien a Omar. Si llegara a perder, pe