Al ver caer al caballo con sus propios ojos, el corazón de Adriana dio un vuelco, y sus pasos se detuvieron como los de cualquier otra persona.
Valentina, sin embargo, mantuvo una expresión imperturbable y siguió los pasos de Omar hacia el establo. Dijo:
—Un caballo sudoroso, una verdadera lástima.
La expresión de Omar era tranquila, su tono completamente carente de emoción:
—Es inútil, eso es lo realmente lamentable.
—Sí.
Adriana escuchaba en silencio desde atrás. De repente, alguien inclinó