Epílogo.
Marcelo:
Años después...
Ingrese al restaurante, sonreí al ver a todos esperarme dentro del mismo.
—¡Feliz cumpleaños! —todos gritaron al unísono.
Hoy era mi cumpleaños y no quería celebrarlo pero no podía negárselo a mi esposa. Y hablando de ella, venia hacia mi con el pastel en sus manos, usaba un hermoso vestido de flores y ese cabello largo y suelto, la hacía lucir hermosa. Verla así, me llevo al instante en que la vi dentro del restaurante, donde supe que ella sería el amor de mi vida.