POV Amara
El sol de la mañana invadía la habitación a través de las cortinas pesadas, una invitación traicionera a la libertad que ya no tenía.
Me miré en el espejo y, por un instante, casi creí en la ilusión que había creado: el maquillaje ligero, el cabello recogido en un moño firme, la ropa elegida con cuidado, falda lápiz negra, camisa azul clara.
Una secretaria lista para trabajar. Una mujer normal.
Mi corazón, sin embargo, no creía en la farsa. Latía apresurado, como un animal enjaulado.