POV Killian
La casa estaba en silencio cuando entré. Un silencio diferente, no el peso habitual de las paredes frías o de mi propia soledad. Era casi… expectante, como si incluso la mansión respirara más despacio esa noche.
Lancé las llaves sobre el aparador, la corbata floja en el cuello. El sabor amargo del día aún quemaba en mi boca: reuniones interminables, miradas de desconfianza, titulares insoportables. Pero nada de eso me consumía tanto como la escena que se repetía en mi mente: ella.
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