Mundo ficciónIniciar sesiónPOV Amara
Desperté en una habitación de hospital.
La luz fluorescente cegaba mis ojos. El dolor latía en mi cabeza y, ao tocar la comisura de mi ojo, sentí el corte que me recordaba lo que había sucedido. El olor a desinfectante y el sonido de los monitores a mi alrededor eran extraños, pero había algo reconfortante en la presencia de Sabrina a mi lado.
— ¡Estás despierta! —Sabrina suspiró, llevándose las manos al rostro con alivio—. Gracias a Dios… ¡estaba tan preocupada!
Su sonrisa temblaba, como si hubiera contenido el llanto durante horas.
— ¿Qué pasó? —mi voz sonó ronca, extraña incluso para mí.
Los recuerdos vinieron de golpe: los hombres, las risas sucias, el estallido de la botella. El pánico ardió en mi pecho de nuevo y sentí mi corazón dispararse. Sabrina apretó mi mano.
— Me salvaste, Kamala —su voz se quebró—. Eran peligrosos, yo… yo no sé qué me habría pasado. Pero tú… te pusiste frente a ellos. —Hizo una pausa, con la mirada empañada—. No vuelvas a hacer eso, ¿me oyes?
Tragué saliva, intentando disfrazar el temblor en mi voz:
— ¿Y querías que me quedara quieta? ¿Viendo cómo te ponían las manos encima? ¡No lo permito!
Fue entonces cuando su expresión cambió. El alivio dio paso a algo más serio, casi solemne.
— No… Es que tienes que cuidarte más, no puedes descuidarte de esa forma. ¡Tienes que pensar en tu bebé!
Sus palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago.
— ¡¿Bebé?! —murmuré, con la voz fallando—. ¿Cómo que bebé? ¡Yo no tengo hijos! ¡Estás equivocada!
— ¿No? Pero el médico acaba de salir e indicó que necesitas reposo, y que fue un milagro que el bebé esté bien, ya que está en el inicio del embarazo…
La realidad de la situación comenzó a asentarse y sentí como si estuviera a punto de desmoronarme de nuevo. Con seguridad fue aquella noche con Killian... No estuve con ningún otro hombre en estos meses.
El suelo pareció desaparecer. Me faltaba el aire. Yo, embarazada del hombre que había destruido mi vida. Terminé embarazada de él... después de todo lo que pasó.
Sabrina entrecerró los ojos, notando mi desesperación.
— Ey… calma —su voz era cautelosa—. ¿No me digas que te quedaste embarazada sin querer? No habrás… no habrás estado con algún CEO después de beber de más y sin protegerte, ¿verdad?
— ¡No! No… este niño es mío y de mi marido —al decir esa palabra, me detuve un segundo y corregí—: Exmarido.
— Tú… ¿tú eras casada? Nunca me lo contaste…
— Sí, hace tres meses —mi voz salió débil, pero continué, aunque sentía que la garganta me ardía—. Perdóname, Sabrina… te oculté algo. En realidad… no, no es solo una cosa. Te lo oculté todo.
Ella me miraba con esa atención silenciosa que solo aumentaba la presión sobre mi pecho. Respiré hondo, intentando armarme de valor.
— Mi nombre… —me atraganté—. Mi nombre no es Kamala.
Los segundos parecieron eternos. El aire en la habitación se volvió más denso, casi imposible de respirar.
— Mi verdadero nombre es… Amara Castellari.
Sabrina parpadeó. El choque se pintó en su rostro en silencio, como si hubiera escuchado un disparo. Sus labios se entreabrieron, pero no salió ninguna palabra. El nombre flotó entre nosotras como una sentencia, como una sombra imposible de borrar.
Mi corazón martilleaba, esperando lo peor: la risa burlona, la acusación, el desprecio. Ya estaba lista para oírla echarme, como todos los demás.
Pero entonces, inesperadamente, se inclinó y me rodeó en un abrazo firme.
— Amara… —su voz salió entrecortada—. En internet dicen que tú y tu padre engañaron a la gente, que hasta tu exmarido no pudo más… —hizo una pausa, como si tuviera miedo de lastimarme aún más— …pero yo no creo eso. No mirándote ahora. Eso no puede ser la verdad.
Fue en ese instante cuando mi cuerpo se derrumbó. Por primera vez en años, no necesité defenderme.
Como si una presa se hubiera roto, las lágrimas corrieron y comencé a contarle sobre Killian, sobre la venganza que había tomado contra mí, sobre cómo todo lo que amaba me había sido arrebatado.
Sabrina me escuchaba atentamente, sosteniendo mi mano. Pude ver la indignación en su mirada.
— Eso es horrible, Amara. Tú no tienes la culpa de nada, no te mereces esto. Nadie merece ser tratado así.
— Lo sé, pero… —mi voz falló de nuevo—. No sé qué hacer. Estoy sola, sin dinero, y ahora con un bebé en camino. No puedo tener un hijo ahora, Sabrina… —El dolor en mi pecho era insoportable—. Killian… él no querrá saber de mí, y mucho menos del niño. Él me odia.
En la televisión de la habitación, la imagen de Killian apareció de repente. Fue como un golpe en el estómago.
Estaba radiante, con una sonrisa que yo conocía tan bien, pero que ahora parecía tan distante. A su lado, una mujer elegante exhibía un anillo de compromiso que brillaba como si se burlara de mi dolor.
— El prometedor empresario Killian Navarro y la heredera Beatriz Argento anunciaron su compromiso, con la boda programada para dentro de tres meses —decía la reportera, mientras pasaban imágenes de la pareja en eventos sociales—. Lo que muchos consideran una unión perfecta, uniendo a dos de las familias más influyentes de la ciudad.
Oí a alguien en la habitación del hospital suspirar:
— Vaya, qué pareja tan perfecta, que Dios los bendiga.
— El señor Navarro finalmente se libró de esa mujer malvada y de su familia de tramposos.
Sus palabras resonaban en mi mente y no podía desviar la mirada. A mi lado, Sabrina abrió los ojos de par en par, completamente atónita. La furia subió a su rostro como fuego.
— ¡Desgraciado!
El dolor de la traición se mezclaba con la sensación de pérdida, y me pregunté cómo podía él seguir adelante tan fácilmente mientras yo estaba atrapada en una pesadilla. La vida que soñé, la familia que deseaba, ahora parecía tan lejana, tan imposible.
La idea de tener un hijo de Killian quemaba dentro de mí como ácido. No quería. No podía. En cuanto el médico entró en la habitación, aún con la carpeta en la mano, disparé sin pensar:
— ¡Quiero interrumpir este embarazo!
Él me miró por encima de sus gafas, midiendo mis palabras como quien analiza una herida abierta.
— En su estado actual, eso es imposible —dijo con una calma que me irritó—. Su cuerpo aún está muy debilitado por la herida. Cualquier procedimiento ahora pondría su vida en riesgo.
Sentí el aire escapar de mis pulmones. No sabía si era miedo, rabia o desesperación. Talvez fuera todo a la vez.
— Amara, esa criatura no tiene la culpa del monstruo que es él. No hagas eso.
Cerré los ojos, intentando alejar la imagen de Killian sonriendo al lado de otra mujer.
— No sé si puedo, Sabrina. No tengo nada… no tengo a nadie…
Ella sostuvo mi mano con fuerza, como si quisiera sujetarme allí, impedir que me desplomara.
— Entonces ven a vivir conmigo. Yo cuidaré de ti. No te faltará nada. Vas a luchar, Amara. No estás sola. Vamos a encontrar una manera de lidiar con esto. ¡Eres más fuerte de lo que piensas! Puedes contar conmigo.
Una parte de mi quería decir que no. Quería seguir escondiéndome, hundiéndome. Pero otra parte… una parte pequeña y tímida… sintió un hilo de esperanza encenderse.
Tal vez, solo tal vez, este bebé no fuera el fin de mi vida.
Tal vez fuera el comienzo de una nueva.
Pero una cosa sabía con certeza: Killian nunca sabrá de la existencia de este hijo.
Jamás.







