Julián
La vi ingresar a la habitación, mis padres se fueron a un hotel. Mañana mi padrino y Eros regresarán a Bogotá y solo esperábamos el traslado. Se detuvo al pie de la cama, —se veía nerviosa, y no era para menos, porque la situación de los dos dependía de ser sinceros en esta ocasión. Por eso le sonreí. No voy a negar que me sentía eufórico y al mismo tiempo quería darme golpes por lo imbécil que fui.
—Hola, Rubia. —Su sonrisa me hizo sonreír también—. Ven.
—Debes descansar, Julián.
—Y lo