Una brisa sopla, esparciendo pétalos de flores frente a mi lápida.
Él se inclina y coloca suavemente las flores en el suelo, acariciando mi fotografía.
—Lo siento, todo fue mi culpa. Mi terquedad causó tu muerte.
Pongo los ojos en blanco. A estas alturas, no tiene sentido decir nada, ni seguir actuando.
El Alfa Carlos saca de su bolsillo un pequeño pájaro tallado en madera.
Bajo la mirada y me sorprendo al ver que aún conserva ese pequeño pájaro.
En aquel entonces, me suplicó que le regalara el