Mi corazón late con dolor. Nunca imaginé que, incluso después de mi muerte, no llegaría a ganarme la confianza del Alfa Carlos.
No sé quién publicó en internet mi estado lamentable tras morir en el hospital, causando un enorme revuelo.
En la manada, todos comentaban que el Alfa Carlos, su más respetado rey lobo, había dejado que su Luna muriera congelada.
Y además, congelada en pleno verano ardiente.
Todos sabían que aquel almacén frigorífico llevaba tiempo abandonado.
Pero, ¿cómo es posible que