El cielo de finales de la mañana lucía un azul translúcido, sin nubes, como si el propio universo estuviera en paz. Una brisa suave recorría las calles de vidrio y concreto, danzando entre el cabello de Helen mientras subía los escalones de la sede de la empresa. Había algo distinto en ella aquel día, y no era solo la ropa impecable, ni el andar seguro sobre los tacones, ni el labial rosado perfectamente aplicado. Era el brillo en los ojos. La ligereza del paso. La sonrisa amplia y auténtica qu