Helen y Zoe entraron en la oficina de la rubia todavía cargadas con la energía de lo que acababa de suceder. Antes de que Helen pudiera sentarse y recuperar el aliento, Zoe saltó animada a su lado, con los ojos brillando de pura diversión, y exclamó:
—Está bien, cuñadita… ¡ahora cuéntame! ¿Qué fue eso?
Helen se sonrojó al instante, desviando la mirada mientras fingía no entender.
—¿Eso qué? —respondió, caminando hasta el escritorio y tomando un vaso de agua.
—¡Ay, por favor, Helen! ¡Yo lo vi to