Helen estaba escondida en la habitación desde hacía media hora. Había tomado una ducha rápida, llevaba un vestido ligero y suelto, pero caminaba de un lado a otro como si estuviera siendo perseguida por un ejército.
Ethan, en cambio, estaba tirado en la cama, sonriendo satisfecho como quien había ganado una guerra.
—¿Vas a salir de la habitación en algún momento o vas a pasar el resto del embarazo alimentándote por rendijas de la puerta? —provocó él.
—No puedo mirar a Maria a la cara, Ethan. Nu