El sol de aquella mañana parecía más vivo, más brillante, como si el propio cielo supiera que ese era un día diferente. Después de días encerrado entre paredes blancas, máquinas pitando y silencios interrumpidos por voces técnicas, Ethan Carter finalmente recibiría el alta. La habitación, aún semi oscura, fue invadida por pasos decididos y el sonido de voces conocidas. Amélia entró primero, con los ojos húmedos y un bolso colgado del brazo, como quien llega con el corazón lleno de gratitud. Ric