La madrugada avanzaba lentamente, pesada y cruel. El hospital dormía entre el sonido de las máquinas, los pasillos vacíos y las luces frías. Pero dentro de la UCI, el tiempo parecía haberse detenido por completo. El reloj de la unidad marcaba las seis de la mañana. Helen estaba sentada al lado de Ethan, con los ojos fijos en el hombre al que amaba más que a su propia vida. Él se veía tan frágil, tan distante… y aun así seguía allí, luchando. Habían pasado cuatro días desde el accidente y Ethan