La furia..
La casa estaba en silencio.
Pero no era un silencio vacío.
Era un silencio que respiraba.
Que observaba.
Que esperaba.
Liliana cerró la puerta de su habitación con cuidado, como si cualquier ruido pudiera romper algo invisible que todavía flotaba en el aire.
Se quedó apoyada contra la madera.
Sus manos temblaban.
Su respiración era irregular.
Llevó una mano a su pecho.
—¿Qué fue eso...?
Su voz apenas salió.
Cerró los ojos.
Y lo sintió otra vez.
El roce de su mano.
La cercanía.
Su voz tan cerca