Esa mañana, ambos despertaron temprano, decididos a regresar a casa antes de que sus familias se percataran de su ausencia. No querían preocupar a nadie con un aluvión de preguntas que seguramente surgirían al verlos juntos. Aunque eran adultos y no debían dar explicaciones, la costumbre de no pasar la noche fuera de casa a menos que la situación lo justificara, les pesaba en la conciencia.
La joven apenas podía contener los nervios al imaginar lo que sus tíos podrían pensar al