92.

Me sentía un poco avergonzada de tener que contar aquello, pero sabía que era algo que tenía que hacer.

Ante la atenta mirada de Nicolás, tomé la copa de vino que había frente a la mesa y le di un gran trago. El líquido pasó por mi garganta y me hizo torcer un poco el gesto. Nicolás seguía observándome, esperando que yo comenzara a contar la historia.

— Nunca te perdí el rastro — dije sin mirarlo a la cara — . Como supuestamente yo había muerto, jamás borraron mi contraseña y mi usuario en
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