**Punto de vista de Dina**
Me acerqué a él, y el aroma almizclado, a sándalo, a hombre primitivo, me invadió hasta marearme. Mis labios se estiraron hasta casi reventar mientras lamía la punta de su pene. Empecé a lamerlo de verdad, con movimientos largos y profundos, rítmicos, hasta que me perdí en el sonido de mi propio deseo.
Y queriendo más, extendí la mano y agarré su pesada e inerte mano izquierda. La deslicé entre mis piernas, justo donde mi humedad ansiaba ser acariciada. Joder, qué cal