Te amo, papi.
Perdida en un torbellino de respiración y humedad. Parecía que con cada movimiento de su lengua, sentía otra descarga de electricidad pura, y con cada vez que lo introducía en mi garganta, dejaba escapar un gemido profundo y vibrante.
Me voltea para que quede a cuatro patas. Me folla en posición de perrito, sujetando mis caderas entre sus enormes manos, clavando toda su polla de 35 centímetros en mi coño mientras empuja sus caderas con fuerza.
«¡Dios, fóllame, papi, awwwww, annnnn!». Pensé que