El mundo cambió en el momento en que cruzamos.
La transición fue abrupta.
Atrás quedaron las garras amenazantes de los lobos, los aullidos que impregnaban el aire de la academia y la constante sensación de peligro.
Aquello era diferente.
Más suave.
Y, de alguna manera, mucho más inquietante.
Un instante estaba bajo las estrellas que conocía.
Al siguiente, el aire mismo parecía distinto.
Más pesado.
Perfumado con algo dulce y frío.
No estaba seguro de cuál de los dos mundos prefería.
El mundo de