47. La tendré de nuevo.
La calidez del lugar la despertó. Estaba sola en la enorme habitación donde el sol se calaba por la enorme ventana con vista al mar.
Se levantó mientras se enredaba en las sabanas para ocultar su cuerpo desnudo y se acercó al ventanal. Pudo observar a su marido desayunar tranquilamente en la playa rodeado de hombres con armas. En ese mismo instante quiso hacerle compañía, pues no le gusta la soledad ya que la llevaría a pensar en quién no debe y, por ende, a sentirse verdaderamente mal de lo qu