Complaciendo a la viuda rota

Desde que Richard murió, todo se volvió blanco y negro. Toda la casa se ha quedado en silencio. El café que bebe todas las mañanas siempre está frío. No había pasos en el pasillo. Solo Elsa se quedó en medio del silencio, con una túnica delgada y sosteniendo una copa de vino.

Ha pasado una semana desde que Richard falleció, pero para Elsa, parece una eternidad.

Se volvió hacia la puerta cuando se escucharon golpes. Cuando estaba a punto de abrirlo, se escuchó una voz familiar en el otro lado.

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