Aarón no está nada contento con Francisca, por meterse tanto, ha notado que la joven es agradable, y obediente, solo espera que las cosas no se le compliquen cuando sepa que, durante cinco años, no verá la luz del sol.
—¿Tienes sed? —Sara, nerviosa, se acercó a él, solo al recordar que la tiene bajo amenaza. Le tiembla el cuerpo.
—Señor, ¿podría permitirme que hablara con ella en privado? —la voz ronca y viril de él le pone los pelos de punta a cualquiera.
—No, creo…—la nana quería hablar, co