¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! Mis rodillas se sentían como esponjas blandas mientras retrocedía tambaleándome en mi aturdido estupor. ¿Ya había terminado la pesadilla? Miré a mi alrededor. No. Seguía aquí. Mi ex acosador, con los labios curvándose en una sonrisa ladina. Estaba disfrutando esto… mi shock. Los temblores sacudieron mi cuerpo y un sudor frío recorrió mi espalda. Oh Dios, esto era real.
Jack corrió a mi lado, sosteniéndome; al instante me sentí pálida y enferma. Me llevó en brazos h