Capitulo XVIII: Jugamos, y no quieres perdeme.
Mi tío nos invitó esa noche una fiesta, que celebraba la empresa de Edward, en el fondo queríamos ir, pero en un principio nos negamos.
Porque queríamos quedarnos con mi padre, hasta que él nos dijo, que lo dejáramos en paz, que estaba convaleciente, y no podía soportar a dos mandonas Arteaga manejándole la vida.
Así salimos a comprar los vestidos, más fascinantes que pudiéramos encontrar, sabíamos que íbamos a encontrar mucha competencia, y queríamos, barrer a las posibles competidoras, y al mi