Caminé por el pasillo del hospital. Adrian iba a mi lado, tomándome la mano con calidez, acariciando el dorso de mi mano con su pulgar de vez en cuando. En su otra mano llevaba una cesta de regalo con ropa de bebé, un peluche y flores frescas.
—Esta es la habitación de tu amiga, cariño —dijo Adrian, señalando una puerta blanca con el número 207 en la pared.
Adrian llamó a la puerta.
—¡Adelante! —dijo la voz de Sasha desde dentro.
Adrian me abrió la puerta. Entré con pasos dudosos.
Sasha yacía e