Adrián olfateó el vaso de jugo que aún estaba medio lleno sobre la mesa. Sus ojos se entrecerraron.
—Esto no es jugo de naranja normal. Puedo oler algo extraño aquí. Tiene algún tipo de mezcla.
—Pero lo que es seguro es que Ana no diría esas cosas si estuviera consciente —dijo Sebastian.
Yo me reía a carcajadas sobre la mesa de billar. La cabeza me daba vueltas. La mesa verde bajo mí se sentía como olas: subía y bajaba, subía y bajaba. Mi cuerpo ardía, muy caliente, como si hubiera fuego quemán