A la mañana siguiente, la luz del sol entraba por la rendija de la cortina de la habitación de León. Abrí los ojos y vi que León ya no estaba a mi lado.
Me estiré y caminé hacia el baño. El agua caliente mojó mi rostro. Miré mi reflejo en el espejo: cabello lacio, negro y largo que Adrián había alisado el día anterior, dientes más blancos, piel que empezaba a verse más limpia gracias al tratamiento del salón. Seguía gorda, pero al menos había un pequeño cambio.
Me cambié de ropa y bajé al comed