—Gracias por hoy, Adrián —dije.
—Espera, cariño.
Me detuve.
Adrián tomó mi barbilla y giró mi rostro hacia él. Sus ojos marrón oscuro me miraron con suavidad.
—Estás hermosa hoy. Tu cabello liso te hace ver diferente. Me gusta.
Me sonrojé. —¿Adrián?
Me besó la frente.
—Ahora entra. No dejes que León te espere demasiado. Luego se enfada.
Me reí suavemente. —Tienes razón. Buenas noches, Adrián.
—Buenas noches, cariño. Dulces sueños.
Bajé del coche y caminé hacia la puerta de la mansión. No miré a