XLVI. Malas noticias
Los días fueron pasando con una lentitud que me terminaba de agobiar y poner el doble de ansiosa. No había ninguna noticia que me diera la calma que necesitaba, aún así, no perdía la esperanza y día a día pedía porque mi familia estuviera a salvo.
El agente no había vuelto desde aquella tarde que resultó desastrosa y llena de emociones, pero quedó en venir tan pronto tuviese alguna noticia.
Tenía que llenarme de paciencia y esperar, pero si Julen enloquecía —que aquello podía pasar en cualquie