LVIII. No estás sola
«El tiempo lo cura todo», me había dicho Sheyla en un susurro esa tarde, cerrando nuestra conservación, pero ¿realmente lo hacía?
Quizá en el pasado hubiese creído que sí, que el tiempo lo curaba todo; no obstante, cuando se estaba tan destruido en este mundo, ¿qué iba a curar? ¿Qué cura había para un alma que estaba muerta en vida?
En realidad el tiempo se encargaba de hacernos olvidar todo, y podía sentirlo cada vez que intentaba recordar el rostro de mi familia e incluso rememorar sus voces.