Susan se quedó sin aliento ante aquel beso intenso y apasionado. La mano de Stefan se deslizó bajo su ropa y acarició su piel.
—Te deseo ahora mismo—.
El rostro de Susan se sonrojó de inmediato.
—¡No! El doctor dijo que no podíamos hacerlo durante una semana—.
—Lo sé. Lissa, ¿puedes ayudarme de otra manera?—
El rubor en el rostro de Susan se hizo aún más evidente.
—Yo… no sé cómo hacerlo—.
—Puedo enseñarte—.
Stefan tomó su mano entre las suyas y comenzó a guiarla con paciencia.
Después de aquel