Stefan no respondió. Se inclinó y besó lentamente su muslo. Susan intentó apartarlo, pero no pudo; él era demasiado fuerte.
Después de unos momentos, Stefan se incorporó con calma. Observó la marca que había dejado en la piel de Susan y esbozó una sonrisa satisfecha.
—Ahora puedes usar ropa tan corta como quieras… si no te importa que otros vean esto.
Susan lo miró con molestia. Aquella marca la obligaría a cubrirse.
—¿Por qué tienes que obligarme a hacer lo que quieres?
—Parece que aún no te h