Eran las diez de la mañana cuando Barbara volvió a despertar, aún se sentía un poco cansada pero a pesar de eso, su estado de ánimo estaba excelente, ella no era de las mujeres que se rinden fácilmente, ya ella había aceptado su destino, y si iba a morir pues lo haría estando alegre y siendo capaz de dar alegría a los demás.
Salió de la habitación al ver que estaba sola en la cama.
Vio que Eros estaba en la cocina, pero le causó mucha gracia lo que estaba viendo. Había mucho humo, Era todo un