Cupido trabajando

Capítulo 9

Ginebra

Luego de que la tal Romina se fuera prácticamente soltando humo por las orejas, me volví a sentar en la mesa con mis amigos como si nada hubiese pasado. Es ahí que veo como todo el mundo al parecer le había gustado mi manera de ponerla en su lugar porque no paraban de mirarme y algunos hasta me sonreían como si hubiese ganado la tercera guerra mundial. Aun así el que no paraba de decirme que yo era toda una caja de sorpresas, era Ángel que se había quedado con el ojo cuadra
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