—Lorenzo, ¿cómo es que todavía estás aquí?
Yelena se quedó estupefacta al verlo. Su cerebro zumbaba, y lo miraba con total incredulidad. ¿Acaso él estuvo bajo la lluvia toda la noche? ¡Dios mío!
—Te lo dije claramente, mientras no salgas a darme una explicación, me quedaré afuera todo el tiempo que sea necesario.
Lorenzo no se movió ni un ápice, su mirada seguía firme, sin la menor duda.
En un instante, los ojos de Yelena se llenaron de lágrimas, estaba completamente abrumada. Se lanzó directo a