Álvaro estaba realmente furioso, con el rostro enrojecido de ira.
—¿Cómo lo lograste?
Lorenzo entrecerró ligeramente los ojos.
—¿Acaso, tengo la obligación de decírtelo? Les doy media hora para dejar Costamar. De lo contrario, les garantizo que no podrán salir de aquí.
Al escuchar esa fuerte amenaza, todos se asustaron y comenzaron a hablar entre ellos nerviosamente.
—¡Supervisor, deberíamos irnos!
—¡Cuando regresemos a la capital provincial, aún tendremos oportunidades de lidiar con él!
Álva