—¡No te permito quitarte la ropa!
Al instante, Lorenzo agarró fuertemente la delicada muñeca de Yelena, con una mirada fría.
—En este mundo, solo un hombre puede ver todo de ti, ¡y ese soy yo! ¿Y qué si eres un maestro de las artes marciales? ¡He matado a innumerables maestros de las artes marciales!
Yelena quedó atónita ante esta mirada gélida.
Juan se burló: —Maestro Fernández, ¡parece que alguien no te respeta!
Miguel se rio con desprecio: —¡Qué arrogante! Hace mucho que no mato a alguien, ¡a