Lorenzo casi se atragantó con la pregunta.
—Señorita Silva, ¿no cree que esa pregunta es un poco... agresiva?
—Simplemente respóndeme, ¿sí o no? —insistió Yelena sin ceder.
—¡Sí! —respondió Lorenzo con claridad—, pero solo son pensamientos...
Una amplia sonrisa muy fría se formó en los labios de Yelena.
—Esa es la respuesta que quería escuchar. ¡Al menos no es una respuesta hipócrita y moralista!
Ella había visto demasiados hombres que decían una cosa, pero realmente pensaban otra. A pesar de