—Sí, es mi maestro. Estudié bajo su tutela durante diez años y acabo de regresar después de completar mi formación.
La confianza de Gabriela al mencionar al doctor Soto se mezclaba con una actitud de superioridad. Después de todo, no cualquiera tenía la calificación para convertirse en la discípula heredera de uno de los diez grandes médicos de Largolandia. ¡Eso ya superaba al 99% de sus colegas!
Isabel también habló seriamente: —Tío, cuando supe de la enfermedad de Clara, ¡me preocupé muchísimo