Lucía palideció al instante, sus ojos se destellaron de furia mientras decía: —¡Bruno! ¡Estás soñando! ¡Ni, ¡aunque me convierta en un fantasma voy a permitir que ustedes, verdaderamente basuras, se salgan con la suya!
Con esas palabras, ella se abrió paso a través de la multitud y corrió directo hacia la puerta.
Bruno lamió sus labios y le dijo: —¡Jaja! ¿Crees que puedes escapar de mis garras? ¡Qué ingenua eres! ¡Persíganla! ¡Quien la atrape primero se quedará con la virginidad de esta mujer y