El hombre se llamaba Marco.
Diana me lo dijo un sábado por la mañana con el tipo de voz que usan las personas cuando están contando algo que les importa más de lo que están dispuestas a admitir que les importa.
—Vino a la galería a principios de octubre. —Una pausa—. Vino tres veces en la misma semana.
—¿A ver la misma exposición?
—A ver un cuadro específico.
Lo procesé.
—¿Cuál?
—El de Mía.
Me detuve.
—¿El de Mía.
—El de Mía. —Diana lo dijo con algo en el tono que era diversión mezclada con alg